Revista N°206

Mi barrio mágico reapareció con mi mudanza

Luego de trabajar en la revista, y después de limpiar mi nuevo departamento, me di una vuelta por el Abasto con intención de ver precios de heladeras y otras cosas y además pasar por la Casona Cultural Humahuaca a dar la cara porque no asistiría al primero encuentro para el circuito de Museo Vivo Abasto (para la Noche de los Museos en octubre). En el bolsillo llevaba una de las cerraduras para cambiar la combinación, solo que para ésta no tenía llave. Saliendo de la redacción, apenas crucé Rivadavia el primer cerrajero me pidió $750 (y si consiguiera la llave de la “mía” me cobraba $500 cambiarla y darme dos llaves), me pareció caro y seguí rumbo al rioba…
     Miré precios en Dupuy y, a modo de referencia, la Casa del Audio, aunque de ser parejo no dudaría en quedarme con el primero, ahí sé que como vecino tengo otro acceso, me pueden financiar, o hasta podría llegar a conseguir algo en canje, son gente que trabaja en el barrio desde hace décadas y en varias oportunidades han apoyado esta revista. Luego rumbeé para Humahuaca, ese mágico oasis del Abasto que es la Casona, y di con Guille que estaba charlando con Guidín, y al ratito cayó Gonza. Interrumpí brevemente y una vez aclarado el tema del Museo Vivo (donde se entusiasmaron con la versión de nacimiento de Gardel en Tacuarembó) me dice Guille: “¿te dije que tengo una heladera de sobra, la querés?” Así, al toque cerré tema heladera, el Abasto comenzó a premiarme. (Cabe agregar que luego del traslado al día siguiente, y una lavadita, la enchufé y ¡enfría perfecto!) Proseguí mi camino a la Cerrajería Don Enrique y Beto me ofrece una cerradura nueva por $350 con dos llaves (¡casi la mitad que el anterior!) Encima, ni corto ni perezoso, le desconté el aviso del mes en curso y me fui con otro tema finiquitado… Volvía sintiendo que el Abasto me premia, me devuelve el esfuerzo que vengo haciendo por el barrio.
     Y recordaba aquel evento de la revista hace, si mi memoria no me falla, catorce años, en lo que era en aquel entonces el Danzario Americano (Guardia Vieja, entre Sánchez de Bustamante y Billinghurst). En esa época la redacción estaba a la vuelta y en la ochava misma de Guardia Vieja y Sánchez de Bustamante tenían la ferretería Rubén y Pablo… Las chicas de empanadas Tui trabajaban desde su domicilio (desde hace años ya tienen su local) vendiendo su magnífica mercadería mediante su publicidad en nuestro medio. Esa noche la revista logró una serie de increíbles y mágicos apoyos en canje y de onda, porque guita mucha no había mucha (luego del tsunami del 2001). El local en canje, cañón proyector en canje, empanadas también y como su horno era chico ¡utilizaron uno industrial que Rubén tenía en venta en su local y trasladaban en canastos sobre una puerta! Recuerdo que justo ese día me había visitado un amigo que hacía un par de años se había mudado a Australia y me decía, “Rafa, qué hacés acá, porque no te vas? En Europa estarías mucho mejor”. Y le dije: “¿Por toda esta magia, no la percibís?” Años más tarde vi Made in Argentina (basada en la obra de teatro Made in Lanús) y me dije: “¡Es esto!”.
     Volviendo a aquella noche, además de canjes hubo todo un equipo de la revista presente… Y siempre quedé con ese sabor mágico de un barrio apoyando su revista. Y ese Abasto lo venía ya extrañando un poco. Bueno, el otro día volví a sentir una muestra de éste. Así que gracias, ¡gracias totales! ¡La barra eternamente agradecida!

Rafael Sabini
rafaelsabini@revistaelabasto.com.ar

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