Un
encuentro que rompe la cabeza. “Garrate
fuerte, piscuí, que esto no
es cosa de todos los días...”
Le dicen:
Arte corporal
La búsqueda
del grupo que andan por el barrio
con injertos en la cabeza era una
obligación para un número
sobre el cuerpo. Por fin, por un encuentro
casual, acordamos encontrarnos con
“La Negra” en el bar El
Destino. A la curiosa entrevista nos
acercamos con P.C. quien había
armado el encuentro. Y La Negra fue
con Mariana, quien además de
tatuajes tiene una serie de implantes
en la cabeza, como una seguidilla
de cuernitos. De entrada sus aspectos
llaman la atención, con sus
implantes, tatuajes y piercings. El
saludo con un beso parecía
complicarse, porque uno no sabía
bien donde embocarlo. Sin embargo,
me sorprendí que era más
fácil de lo que parecía.
Luego de una charla amena donde uno
entiende más o menos lo que
les pasa por la cabeza la mirada es
otra.
La
Negra cuenta que hace trece años
comenzó con tatuajes. “En
ese entonces piercing, implantes,
suspensiones (aros para colgarse),
escarificaciones (cortes) o branding
(quemaduras) no existían o
apenas comenzaban. Descubrí
lo que era el arte corporal y lo seguí.
Descubrí cosas de afuera.”
R.S. ¿De dónde
viene el tema de los implantes?
“Una artista plástica
francesa llamada Orlan es muy buena.
Aunque hace unos veinte años
ya había un tipo que recreaba
las técnicas de cuestiones
tribales. Porque en sí en cada
región siempre se buscó
una estética, pueden ser pelucas,
ropas, algunos utilizaron platos en
la boca o en las orejas. Nosotros
mismos acá utilizamos barba
o no, o cortes de pelo. Hay una búsqueda
de estética en cada cultura.”
RS. ¿De qué
son los implantes que llevan en la
cabeza?
“Son de teflón puro o
silicona de implantación. Tiene
que tener mucha aceptación
en el cuerpo. Se utiliza también
para cosas quirúrgicas.”
R.S. ¿Y ustedes buscan
verse bien?
“Decir que no cuando uno se
ve de una manera es ridículo.
Es un poco más profundo esto.
Es un estilo de vida. Uno no puede
sacarse estas cosas así nomás.
Tampoco uno lo hace con la intención
de tenerlo un tiempo y sacárselo.
Uno acepta un cambio. Es más
o menos como quien va a un gimnasio
a quitarse la panza y desarrollar
unos buenos bíceps y elige
ahí modificar su cuerpo como
le gusta a él. Mi cuerpo es
mi único capital. Es mi auto
y mi casa. Lleva mi cabeza, mi alma,
es lo que hace comunicarme con los
demás. Pase lo que pase alrededor,
tengo mi cuerpo. Cuando no lo tenga
no sé que va a pasar. Yo lo
embellezco. Lo cuido.”
P.C. Recién dijiste que tu
cuerpo es todo lo que vos tenés.
Que te sirve para comunicarte con
los demás. ¿Cómo
es la comunicación con otra
gente?
“¿A vos recién
te dio impresión hablarme?”
P.C. No. Pero hace un rato
que estamos hablando y además
yo tengo cierta sensibilidad artística.
“Eso pasa. Hay aceptación.
También está el hecho
de que cada uno construye mucho su
mundo y en mi círculo me codeo
con gente similar a mí. Tal
vez no en aspecto, pero sí
en comporta-miento y en el modo de
ver las cosas. Gente con la sensibili-dad
de comprender que cada uno busca su
manera de sentirse bien y que una
no le hace mal a nadie por verse como
se ve.”
R.S. Supongo que en otros
países debe ser más
fácil pasar inadvertidas...
“En San Pablo no nos dieron
ni bola, ni te miran. Acá la
gente es muy curiosa de la vida del
otro. Mi hija de cuatro años
va a Manzanita [jardín maternal
del barrio], nunca tuve ningún
problema. Creo que tiene que ver mucho
con uno mismo, con como uno se manifiesta.
Yo respeto a los demás y trato
que me respeten.”
R.S. Como estética
la veo “dark”, como con
una búsqueda a lo vampiresco...
“No. No somos dark y no tenemos
culto a nada. No somos ninguna secta.
De adolescente capaz que buscás
quien sos, pero luego vas encontrando
tu lugar. Nosotras nos hacemos arte
corporal.”
R.S. ¿Tal vez esto
les sirva para explotarlo comercialmente?
“No, yo no hice esto para trabajar
de mi cara. Yo dirijo una revista,
que ahora es digital. La hago con
Javier que tiene un local y Mani que
trabaja con él tatuando y haciendo
piercing e implantes. En la web tenemos
200.000 visitas por mes. Además
organizamos una convención
de arte corporal. Es una manera de
mostrar lo nuestro. Porque no hay
escuela para esto. Se aprende con
el intercambio. La Primera Convención
de Arte Corporal, octubre 2002, que
hicimos en el Buenos Aires Designe
me implanté en una caja de
vidrio para que se vea. Era de los
primeros implantes de acá.
Y hoy hay muchos más. Antes
un tatuaje era extraño, hoy
es lo más común. El
piercing hace un tiempo era algo raro,
hoy es recomún. Hoy hacerse
un piercing es como ir al solario
o al gimnasio. Se volvió algo
más para el cuerpo. Lo que
hacemos nosotros es aún más
involucrado con el arte corporal.
En octubre 2004 hicimos la Convención
en el Centro Cultural Borges. Viene
gente de Europa porque hay una seguidilla
de convenciones por toda Sudamérica
para esas fechas y así se arma
como un recorrido.”
Luego nos contaron que no usan anestesia,
“el dolor se banca porque vamos
predispuestas y sabemos lo que va
a pasar. Elegimos eso con un determinado
fin”.
La
Negra nos dejó un par de sus
revistas: papel de primera, todo color,
gruesas, con lomo, costosas, llenas
de fotos para mí muy fuertes,
¡impactantes! Hojeándolas
me siento viejo, como sapo de otro
pozo, en otra onda. Me dejan con un
sabor sadomasoquista al igual que
el despedirme de las chicas me dejó
algo confundido, mareado, como si
hubiese atravesado un muro tabú.
Aunque intelectualmente entiendo que
cada cual, mientras no hiera a otro
que no quiera ser lastimado, hace
lo que quiere, sensorialmente me cuesta
comprender. Tal vez -así como
dicen que existe el mal de ojo- también
la vista se hiera.
Entrevistaron R.S.
y P.C.
revista El Abasto n°63, marzo
2005.

Foto: Mariana Komando, fotografiada
por Antonio Florez Gutierrez, España.
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